CONGRESO de
OFTALMOLOGÍA cuento corto

"Sres. colegas, estimados profesionales, algunas miradas cargadas de escepticismo no impedirán que yo continúe con la exposición de mi ponencia." — Dijo Tomás Arriaga acercándose al micrófono.
El auditorio del Congreso Latinoamericano de Oftalmología se resistía a la caída de antiguos paradigmas.
Doctores —prosiguió Tomás Arriaga— ¿quién no ha conocido en su propia ciudad a aquellos que usan anteojos permanentes? Y entre éstos a los que se distinguen por usar anteojos de gruesos y pesados marcos simil carey, generalmente de colores oscuros, negros o marrones? La tecnología actual ofrece diferentes posibilidades a aquellos miopes, hipermétropes, astigmáticos y afectados por la presbicia, a fin de atenuar o curar sus dolencias.
Sin embargo, aún pudiendo optar por lentes de contacto de altísima calidad y sofisticación... algunos persisten en el uso de los pesados anteojos de marco oscuro.
Sé que los asistentes a este prestigioso Congreso están molestos en este mismo momento y ansían refutar los términos de mi ponencia, aún sin haber terminado de exponerla, es por ello que intentaré completar mi idea, fruto de largos años de observación cargada de método científico y seriedad profesional.
Esos portadores de pesados anteojos no quieren abandonar el empleo de sus adminículos porque ... los anteojos con marco grueso, oscuros y pesados simil carey... posibilitan, al mirar una fotografía... viajar en el tiempo !!!
En ese momento los asistentes extranjeros pedían a gritos a sus traductores que repitieran lo expuesto para confirmar.
Prosigo, —agregó Tomás Arriaga— sé que mi ponencia es resistida, pero mi estudio de campo refleja resultados estadísticos asombrosos, llevados a cabo en todo el País con el apoyo de la Universidad de Córdoba.
El auditorio estaba indignado y rompiendo el nivel académico del evento, hasta resonaron silbidos y algunos gritos denostando la exposición.
Tomás Arriaga desde su estrado hizo un silencio que acaparó la atención dispersa por los acontecimientos.
Metió la mano en el bolsillo de su saco y mostró a todos los asistentes un par de anteojos de oscuro y pesado marco.
E, inmutable, se los colocó.
Y del otro bolsillo sacó una foto.
La miró.
Y desapareció dejando el estrado vacío.
__________________________________________Villa Dolores, Córdoba, Argentina
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