LILITH cuento para Martín Rizo de Winery Puerto Madero, Bs. As., Argentina
Yo me las puedo arreglar con pan y borscht —dijo Reb Aarón Kansker— Sin embargo ese día yo lo ví salir de la vinoteca junto al Dr. Jakob Léibele.
Allí, a la vuelta del Hotel Hilton, en la empedrada Av. Juana Manso, en la vinoteca Winery, degustaron tintos añejos. Reb Aaron un 'Catena-Zapata malbec roble' y el Dr. Jakob un 'viognier Cavas de Santo'.
Iban cruzando la calle, pero como venía un tranvía, decidieron subir a él.
La penumbra resbalaba empujando la brisa del río.
Reb Aaron recordó aquél viaje juntos entre Varsovia y Bilgoray antes de la guerra, por el camino de Rejowizc.
El tranvía cortaba los adoquines con rumbo sur.
El Dr. Jakob se quedó en silencio recordando los días del Jeder y la Jeshivá.
Pensar que en esos días de la guerra, siendo los dos unos niños soñaban con una "tchaste", una masita cubierta de chocolate... era imposible conseguir una. ¡Y ahora con el vino las recibía como gentileza! ¡Y pasas de uva! ¡Y almendras!
Ya se había desgranado la luna por el suelo pétreo y húmedo.
Reb Aaron, que quería purificar su alma hasta el punto de poder realizar milagros, además de la Guemará y las Escrituras, leía libros jasídicos y ocasionalmente algo sobre Cabala.
En virtud a la amistad de tantos años Reb Aaron le contó al Dr. Jakob que en esa misma calle, unas cuadras más adelante, en la vereda del lado del río, en la torre del Dock de ladrillos de la Av. Juana Manso al 1100 vivía Lilith, hermosa como la aurora.
El Reb estaba confesando al Dr. su delirio de enamorado.
Lo que dijo no comprender todavía era un pedido de Lilith: "Toda la semana me verás, pero los sábados no te será lícito verme".
Pero el Dr. Jakob que era un erudito lleno de sapiencia, le aconsejó al Reb que observara a la bella en ese mismo momento, pues era día sábado.
(Hoy en día permanece todavía ese balcón, en la parte central del Dock).
Desde allí derrochaba lindura Lilith, cual medieval Melusina.
Reb Aaron y su amigo de Varsovia descendieron del tranvía frente al balcón del Dock.
Y en un instante pudieron ver a Lilith, la bella... ¡en sábado!
Fué un instante sin tiempo.
Fué el no tiempo de los dioses inmortales griegos. Un instante mágico.
Con una mirada trasmutada de amor en indiferencia la bella saltó al vacío desde lo alto...!
Unos caballos se espantaron y los mateos saltaban dando tumbos por el empedrado.
Los amigos vieron salir por el balcón a Lilith desplegando tornasoladas alas verde-azules!!
— ¡Mirá...! ¡Mirá... Jakob! ¡Sus piernas son una cola larga escamada en azul!
Lilith desapareció hacia el Río de la Plata. 
— Reb, te hizo mal el vino — Dijo el Dr. Jakob.
— Nada de eso. Ella me ama, pero está asustada porque cerca de aquí están construyendo un lugar para que bajen los aeroplanos.
— Reb... te hizo mal el vino te digo.
— Dr. Jakob, insisto, ella me amaba.
— Reb, volvamos a Winery a tomar un ristretto.
— Y tomemos otro vino. No es como el de Gorshkov, que tenía gusto a vinagre.
— Decíle al del mateo que se vaya. Quedémonos aquí.
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