LA OPTIMISTA DE SANTO DOMINGO 
Pero que tú eres argentino —dijo la dominicana de pelo mota.
— Sí, de allá vengo, soy de Buenos Aires.
—¡Tú tienes el pelo bueno, chico!
—¿Qué es el "pelo bueno"? — pregunté.
— Mira, toca mi pelo, es duro. El que tú tienes es bueno. Es lacio y fino.
Me quedé mirando a esta negra de ébano vestida de mínima tela negra de jersey. Sus tacos eran una fina torre de lanzamiento. Sus caderas... las del mundo, y la cintura ...a punto de quebrarse.
Yo estaba esperando reparar una pinchadura en la rueda de mi Nissan alquilado.
— Siempre he soñado con viajar a Argentina, —dijo suspirando— me llamo Yocasta. ¿Cómo tú te llamas?
— Soy Miguel. —dije— En Argentina no se usa el nombre Yocasta.
— ¿Pero cómo tú lo conoces?
— Por la mitología griega. Yocasta es la madre de Edipo.
— ¡Eh..! ¡Argentino! ¡Cómo tú lo sabes! Algo me contaron de esa historia. Y mira... ¡tú la sabes ya!
— ¿Adónde tú vas? —agregó.
— Iré a un supermercado —contesté.
—Quiero ir contigo.
—Si no fumas en el auto.
— Prometido —dijo Yocasta.
Cuando dejaba el Malecón, ví a unos niños remontando sus "chichiguas", son como nuestros barriletes de Argentina.
Repentinamente una chichigua quedó enredada en un obelisco tan parecido al de Buenos Aires, aunque más chico, que me hizo volar a Corrientes y 9 de Julio. El Obelisco Macho en el Malecón es un remanente del régimen trujillista.
— Pobres niños, parece que perderán su chichigua —dije yo.
— Eso es bueno —dijo la negra— me ha hecho acordar de llevar una medicina para mi negro.
— Qué lástima —dije yo— ¿está enfermo?
— ¡Noo! ¿Por qué te da lástima? Cuando voy a la farmacia arreglo las citas de mi negro con la mujer del farmecéutico. Ella cree que mi negro divino es mi hermano.
— ¿Estás compartiendo a tu esposo? ¿No te apena?
— No, nada de eso, soy optimista, pues de los pesos de la señora comemos y nos vestimos él y yo. Pero mira... es mi negro, no mi marido.
— Entonces has venido ahora conmigo ¿por ...pesos?
— ¡Uh..! ¡Uh..! ¡No seas tan malo,"Pelo Bueno"! Estoy contigo porque me gustas. Me escuchas y me tratas bien. ¡Me gustas... mi Edipo todo blanco!
¿Y a qué tú vienes a la isla? —agregó.
— A recibir un premio de cuento.
—Ah... ¡Mira! Que tú escribes,¿eh?
— Sí. Cuando encuentro una caribeña como tú es imposible no inspirarse.
— ¡Qué loco eres chico!
Y llegamos al mercado luego de andar por avenidas de ensueño con palmeras fascinantes.
— ¿Qué diría tu negro si te viera conmigo?
— Ya me ha visto, nos ha seguido todo el camino con su moto.
— ¿Cómo??!! ¡Yocasta, sos ladrona de turistas!
— No, no. Tranquilo. Mi negro gusta de amigarse con extranjeros porque, tú sabes, todos los que vienen a la isla van a Boca Chica, a la Romana, a Juan Dolio untados en crema bronceadora. Él quiere tener amigos de afuera, para que lo vean untado y todo blanco .
Hablando con blancos y usando crema de blancos. Mira con atención en la playa, que mis hermanos de negra piel se mojan y ruedan en la arena para quedar bonitos como tú.
— Sí, los he visto. A eso en Argentina lo llamamos "hacerse milanesa".
— Pero ahora yo, la negra Yocasta, tengo a mi hombre blanco de pelo bueno junto a mí, colorado como un camaroncito ¡y de compras por Santo Domingo!
Al ver unas botellas de vino argentino me sentí como en casa. Eran 'Monchenot' de Bodegas López. Un lujo lejos del pago.
También compré crema de leche argentina. Pero no miré la fecha de vencimiento.
Al darme cuenta del error, Yocasta me dijo: — Sé optimista, Miguel Camaroncito. La crema está vencida, pero el vino es añejo y argentino. ¡Lo disfrutarás!
— ¿Cuál es tu sueño Yocasta? —pregunté.
— Te lo dije, ir a Argentina. Ir a Italia. Casarme con un italiano, o con un argentino... ¡Viajar a Nueva York! ¿Es que tú tienes visa para entrar a EEUU?
—Sí, tengo.
— ¡Ohh! Tienes. Para nosotros es difícil conseguirla e ir allí.
¿Y cuentos de qué escribes mi camaroncito ?
— Fantasías locas, nomás.
— ¡Ah..! ¿Por qué no me llevas contigo a Buenos Aires?
— En Buenos Aires tengo tres hijos y mujer.
— ¿Y cómo es tu mujer?
— Escandinava.
— Rubita entonces.
— Sí.
— Entonces quiero ir a Buenos Aires y vivir con ella y contigo y los niños.
...................!
— No puedes dejar a tu negro aquí, Yocasta.
— Sí, porque estoy cansada de mantenerlo como a un niño que quiere teta.
— Negra mía, tenés que quererte a vos misma. Sos linda, joven, apetecible, seductora.
— ¿Como para que tú me quieras, argentino?
— Puedo quererte, aún amarte, pero no debo.
..................
— ¡Yo soy optimista! Un día tú me enseñarás y podré leer tus cuentos de fantasía loca.
— ¡Vos tenés fantasías locas, Yoca!
— Mira... mi negro se cansó de esperar afuera y se fué en su moto. Lo voy a dejar a este negro. Una vez cuando vino el huracán Andrews, se fué todo mi techo. Voló el techo de mi bohío... y él, estúpido, se acurrucaba en la cama. Yo le dije: ¡No te escondas! ¡Al menos mira las estrellas del cielo! Como te he dicho, yo soy optimista mi Pelo Bueno.
— No puedo llevarte conmigo Yocasta, negra linda.
Una gotita brillante delató la hermosura de sus negros ojos y se deslizó hacia labios increíbles.
Yo intuía que sus lágrimas serían saladas como las de todos.
(Su figura no era como la de todas.)
— ¡Argentino malo! ¡"Pelo Bueno" malo! Al menos dime que escribirás una historia contando que te quiero para mí.
— Escribiré, mi negra, escribiré...
(La ví mirar al cielo y tomarse la cara con las manos. Allá en lo alto estaba el Dios de negros y blancos dándome valor para partir).
____________________Bar"Neptuno", BocaChica, SantoDomingo, Rca.Dominicana
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