—Cuerpo, ¿adónde está tu alma?
—Es que no lo sé. Yo sólo he pedido algunas cosas al morir:
Una mortaja de algodón, un ataud de madera de paraíso, un
pozo nuevo... o una tea encendida.
—Cuerpo, te pregunto nuevamente ¡y quiero una respuesta! ¿Adónde está tu alma?
—¡Es que no lo sé, te he dicho! Cuando pedí lo que pedí, escuché a mi alma decir: —"Dios mío, no me des nada, y despójame de todo". Y me abandonó.
—¡Púdrete, cuerpo vil! Yo, la que te ha interrogado, soy tu alma despojada.
¡Has sido ilusoria materia para mí, que soy eterna!
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